Islas griegas: explorando Milos

La volcánica Milos es una de las más espectaculares ínsulas de las Cícladas por sus extraordinarias formaciones rocosas, fuentes termales y pueblos blancos emplazados sobre riscos multicolores. Con los minoicos y los micénicos, la isla se enriqueció gracias al comercio de la obsidiana; pero en el siglo IV a.C. los atenienses la tomaron brutalmente y la colonizaron. Asediada de continuo por los piratas, estuvo gobernada por la dinastía Crispi durante la Edad Media y fue reclamada por los turcos en 1580. Los minerales son hoy su principal fuente de riqueza, aunque el turismo crece día a día.

Esta escarpada isla está salpicada de vestigios volcánicos y largas franjas de playa. La vasta bahía de Melos, donde está la grieta central del volcán, es uno de los mejores puertos naturales del Mediterráneo y comprende algunos de los lugares de mayor interés de Milos.

Al oeste de Adámantas se encuentra la pequeña playa de Lagkáda y al sur se extiende una sucesión de excelentes playas, entre ellas la de Chivadolímni, con un lago de aguas de color turquesa a sus espaldas. En la costa sur se halla la preciosa playa de Agía Kyriakí, cerca del pueblo de Provatás.

En la punta nororiental de la isla se sitúa Apollónia, popular centro turístico con una playa bordeada de árboles. De aquí salen hidrotaxis hacia la isla de Kímolos, así llamada por la creta (kimolía) que de ella se extrae.

Poco queda de la antigua Phylakopi, al sureste de Apollónia, que siglos atrás albergó una importante civilización. Se pueden distinguir las murallas de la ciudad micénica, las casas en ruinas y los enterramientos; pero una gran parte de la ciudad yace en el fondo del mar.

Sarakiniko es la playa más popular de la isla de Milos. Y no es para menos: sus paisajes lunares y sus aguas de color turquesa hacen de ella una playa única en el mundo que poco a poco consigue transportarte a la luna.

Desde la distancia la playa parece mucho más pequeña de lo que se supone. Aunque por suerte esa sensación se va quitando a medida que te aproximas: una vez en la playa, cuando te ves rodeado por ese paisaje de rocas blancas es imposible no quedarte maravillado.

La mayoría de los turistas se quedan en la playa. Pero si visitas Sarakiniko no te quedes solamente en la playa, atrévete a explorar un poco más. Tiene acantilados desde los que, si te animas, puedes saltar al mar o simplemente apreciar el paisaje. También encontrarás grutas y cuevas entre sus aguas de color turquesa. Es sin duda, un paraíso para la fotografía.

Geología de Milos

Por su origen volcánico, Milos es rica en minerales y presenta formaciones rocosas espectaculares. Desde Adamás se visita en barco el fantasmagórico paisaje lunar de Sarakiniko, formado hace dos o tres millones de años, las formaciones de lava conocidas como “tubos de órgano” de Glaronísia (en las costas de Philakopi) y las aguas sulfurosas de Papafrágkas. La acción geotérmica ha creado abundantes fuentes termales; en algunos casos, como en los acantilados de Mávra Gkrémna, el mar puede alcanzar los 100 grados centígrados a sólo 30 centímetros bajo la superficie.

Pláka

A 4 km del puerto de Adamás, en lo alto de un acantilado, Pláka es una agradable amalgama de iglesias y casas blancas que se prolongan hasta el arrabal de Trypití, coronado por molinos de viento. Se cree que ocupa el emplazamiento de la acrópolis de la antigua Milos, construida por los dorios entre 1100 y 800 a.C.; destruida por los atenienses y colonizada, finalmente, por los romanos.

 

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